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Temperatura ambiente y consumo de vino. El mito.

vivirelvino.com

El “genio” que inventó la teoría de la temperatura ambiente para el vino, no era de por aquí. Resulta imposible que el susodicho defendiera que un vino debe servirse a la temperatura ambiente de una tarde de agosto en Benidorm.

Y por ese poco cuidado con el servicio del vino en verano, muchos optan por otro tipo de bebidas que, por lo menos, cumplen los requisitos mínimos de temperatura. Es obvio que el consumo de vino, sobre todo tinto, desciende en esta estación, pero quizá si declarásemos la guerra a la temperatura ambiente y ofreciéramos el vino en sus justos grados, otro gallo cantaría.

Muchos renegamos de llamar caldo al vino, a pesar que la propia Real Academia de la Lengua lo recoja en su segunda acepción, pero en ocasiones a más de uno le habrá dado ganas de pedir una cuchara para beber esa sopa que llaman vino.

 

La temperatura a la que se sirve el vino es uno de los factores más importantes a la hora de degustar un vino. Si está muy caliente, el alcohol se apodará de nuestra pituitaria y un ardor incontrolable recorrerá nuestro paladar; por otro lado, si está demasiado frio, se convertirá en un vino plano al que será muy difícil sacar las particularidades que el enólogo buscó conseguir. Eso sí, si nuestro sumiller es de los que se pasan de frio habremos tenido suerte, porque es mejor pecar de exceso de frío, sobre todo en los días calurosos. Será cuestión de dejar la copa reposar un poco en la mesa para que alcance las condiciones idóneas.

 

Se podría decir que el mito de temperatura ambiente es una receta incompleta, ya que habría que añadir que el vino deber servirse a la temperatura ambiente de la bodega, es decir, los 16-18 ºC en los que se suelen encontrar la mayoría de las subterráneas.

Eso sí, para alcanzar dicha temperatura lo recomendable es alcanzarlo de un modo gradual. Nada de terapias de choque metiendo el vino caliente en el congelador. Una solución casera es la de pedir una cubitera con agua del grifo y 4-6 cubitos de hielo y sumergir la botella hasta el cuello durante unos minutos. Otra opción más “sofisticada” es tener siempre en nuestro congelador, una manga enfriadora a punto. Una limpia y práctica forma de conseguir gradualmente la temperatura idónea.

Ante las altas temperaturas que sufrimos en España en verano, afortunadamente, cada vez son más los bares y restaurantes que han comenzado a instalar cámaras o armarios refrigerados que conservan el vino todo el año como si estuviéramos en esas bodegas subterráneas. La industria del vino cuenta con varios “artilugios” también para indicarnos la temperatura precisa del vino. Desde el termómetro tradicional adaptado para tomar la temperatura del vino en la botella o en la copa, hasta la Tarjeta digital de temperatura (dotada de un sensor digital), pasando por la banda de toma de temperatura en la botella.

Cualquiera de ellos es de utilidad, aunque como esas madres que sólo con besar la frente de sus hijos saben si tiene o no fiebre, los amantes del vino muchas veces reconocemos cuándo un vino no está a la temperatura ideal. Por ello no tenga reparo en comentarlo a su sumiller porque de otra forma nos estaremos perdiendo experimentar con todas las sensaciones que el vino puede ofrecer.

Así lo recomendable sería:

Blancos jóvenes 8 º C

Blancos dulces y cavas: 6-8 º C

Blancos con barrica 10-12 º C

Rosados 11 º C

Tintos jóvenes 12-14 º C

Tintos con crianza 16-18º C


 

NOTICIAS_ETIQUETAS
mitos, curiosidades, consumo responsable, vino
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Juan Miguel